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Miles de jóvenes, hombres y mujeres, viven en Chile en condiciones de vulnerabilidad: no terminaron su enseñanza media, no encuentran trabajo por primera vez o no tienen posibilidades de capacitarse en algún oficio. Para muchos de ellos el entorno no les ofrece lo que sueñan.
En estos muchachos y muchachas la Iglesia en nuestro país nos invita a poner nuestra mirada preferente en este Año Bicentenario. Si queremos que "Chile sea una mesa para todos", necesitamos reservar para ellos un lugar en la mesa.
Estos 40 días de Cuaresma son un tiempo especial en que la Iglesia nos invita a la reflexión, a la oración y la caridad para prepararnos a la fiesta de la Pascua. Qué momento más propicio para que nuestra unión espiritual con Cristo y su cruz se identifique con el dolor y la exclusión que sufren estos jóvenes vulnerables. Porque la palabra final es de Resurrección y esperanza, queremos darle nuevas oportunidades a través de programas, en todo el país, que ayuden a generar nuevas y mejores condiciones de vida para ellos.
Ése es el sentido de la Cuaresma de Fraternidad: vivir este tiempo de espiritualidad con más sencillez y austeridad, privándonos de algunos gastos, también de algunos gustos, para compartir con quienes más sufren. Hablamos de una privación que, finalmente, más que dolernos nos llena de satisfacción y alegría al compartir.
Las alcancías, sobres y cuentas corrientes reciben ese ahorro que se destina a financiar nuevas oportunidades para esos jóvenes en todo el país.
A partir del 17 de febrero, miércoles de ceniza, tenemos 40 preciosos días para compartir. Informémonos en nuestras parroquias y en www.iglesia.cl. Miles de jóvenes que se merecen un lugar en la mesa de todos estarán muy agradecidos de nosotros.
Más información: www.iglesia.cl
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